Thoreme

Sonido del silencio

¿Cuándo veremos una puesta en común de las prácticas anticonceptivas naturales?

¿Es posible que los hombres tengan más control sobre las consecuencias de su fecundidad en las relaciones sexuales? ¿De qué medios disponen para salir de ese destino de silencio que tiene el hombre con su sexualidad, su paternidad y su fecundidad? Más allá de la norma anticonceptiva actual, ¿no sería posible por fin replantearse la preferencia anticonceptiva en términos de mutualización anticonceptiva?

 

Hasta el siglo XIX, la anticoncepción estaba controlada por los hombres. Es cierto que existían algunos métodos anticonceptivos eminentes, que utilizaban hierbas medicinales y espermicidas, pero la anticoncepción masculina, en particular el coitus interruptus y el preservativo, fue la más utilizada, desde la Antigüedad hasta la llegada de la anticoncepción femenina medicalizada (Desjeux, 2009).

Mientras que los científicos han desarrollado trece nuevos métodos anticonceptivos para las mujeres desde la década de 1950, los métodos anticonceptivos para los hombres han permanecido prácticamente inalterados durante cuatrocientos años (Davidson et al., 1985; citado por Oudshoorn, 2003).

Los métodos tradicionales son masculinos, mientras que los modernos son femeninos. Como resultado, los hombres se ven liberados de una responsabilidad que antes recaía en gran medida en ellos.

La demanda de anticonceptivos masculinos es muy real, pero se pasa por alto ante representaciones como :

 - A los hombres no les interesa.

 - No son competentes para asumir la responsabilidad de la anticoncepción.

 - Hay muy pocos hombres preocupados (los que viven en parejas heterosexuales estables) en comparación con la población mundial.

 - Miedo a los efectos secundarios, a la pérdida de virilidad y de placer.

La percepción de la anticoncepción como un asunto de mujeres hace recaer sobre ellas todos los riesgos para la salud y las cargas mentales que conlleva. Por último, contribuye a mantener a las mujeres simbólicamente del lado de la naturaleza.

La práctica del globo testicular con fines anticonceptivos ha superado todos los ensayos clínicos. Cumple todos los criterios: aceptable, eficaz, reversible, sin efectos secundarios, de bajo coste. Cabe destacar dos principios:

 - Autoeficacia, definida como la adquisición de un alto grado de conocimiento de las propias capacidades, en este caso con respecto a la infertilidad temporal deseada.

 - Confianza en uno mismo, definida como autoestima o confianza en uno mismo y en su capacidad para asumir responsabilidades, en este caso en materia de anticoncepción en solitario o de forma compartida.

Acompañar a los usuarios con herramientas sencillas y pertinentes les ayudará a utilizar el protocolo de anticoncepción masculina térmica (TMC) correctamente y con la confianza de su pareja. Es importante dejar claro a los hombres que deseen someterse a la elevación de los testículos con fines anticonceptivos que deben confiar en sí mismos y estar seguros de que la técnica es auténtica. Anclar la capacidad del hombre para responsabilizarse de todo o parte del proceso anticonceptivo dentro de la pareja mejorará la calidad de la relación.

El ascenso testicular como catalizador para repensar y expresar la versión masculina del tríptico:

- Sexualidad: de la restricción al placer pleno. Por una vez, ¿es posible salir de la negación de la sexualidad femenina? La sexualidad y el placer son criterios que están tan en segundo plano cuando se trata de anticoncepción femenina y tan en primer plano cuando se trata de anticoncepción masculina. El anillo térmico es el único dispositivo que proporciona placer y permite aplicar un protocolo anticonceptivo con un índice de eficacia teórica y práctica tan bueno como el del dispositivo intrauterino. Con el preservativo, el hombre deja de ser un simple obstáculo contra las ETS.

- Paternidad: de un modo individual a un modo relacional. ¿Cómo concienciar a los hombres de su responsabilidad de procrear si no se les dan los medios técnicos, intelectuales y de colaboración para controlar su propia fecundidad? La inversión de un hombre en la anticoncepción implica poner su propio cuerpo en evidencia, a través del resurgimiento testicular, a los ojos de sí mismo y de su pareja. Tanto si se recurre dos veces a la anticoncepción como si no, la procreación se convierte en una elección para el hombre, en lugar de un deber o una obligación.

- Fertilidad: del poder al control. ¿La contracepción masculina no es también un vehículo para la necesaria disociación entre procreación y sexualidad? La dimensión masculina de la fertilidad no se ha desvinculado de la sexualidad. La anticoncepción activa mediante CMT permite una disociación entre sexualidad y procreación, entre el hijo deseado y el hijo decidido. La mujer podría volver a ser considerada en su dimensión femenina y maternal. Al reinterpretar las normas del placer y la sexualidad, el hombre se libera de un papel masculino tradicional y permite a la pareja, o a sí mismo, reconsiderar la fertilidad en sus dos dimensiones constitutivas: femenina y masculina.

Según las oposiciones que tradicionalmente se han hecho entre hombres y mujeres: los hombres estarían del lado de la cultura y la racionalidad y, a la inversa, las mujeres estarían del lado de la naturaleza y la emoción. ¿Cuándo será posible por fin contemplar un modelo de riesgo compartido en el que se tengan en cuenta tanto los riesgos como los beneficios para hombres y mujeres? ¿Parece tan inconcebible compartir la responsabilidad de la anticoncepción cuando todavía hacen falta dos personas para procrear? La participación activa de los hombres en la anticoncepción ya no es un sueño inalcanzable. Depende de ti. La idea básica es que ambos miembros de la pareja se impliquen en un proyecto mutuo de control de la fertilidad, basado en sus aspiraciones del momento, así como en sus necesidades y limitaciones individuales. Ofrécete un retorno natural a tu propio cuerpo, y a sus recursos almacenados en la memoria de los vivos.

¿Cuándo se acabará la "omerta" en torno a la vida privada de los hombres?

¿Cuándo veremos una puesta en común de las prácticas anticonceptivas naturales?

¡Rompamos la ley del silencio!

Labrit Maxime - 17-11-2018